

Por Natalia Acevedo | Subgerenta de marketing.
Cuando uno está dentro de una relación que funciona, no se le ocurre pensar en el futuro como una amenaza. Uno confía. Por eso nadie se sienta a conversar de plata cuando las cosas van bien. Se siente casi de mal gusto, como llevar un paraguas a una fiesta al aire libre en pleno enero.
Hace poco leí el artículo “Por qué formar familia empobrece a las mujeres (y no a los hombres)” de la abogada Francisca Bravo en chocolate.cl, y hay algo que me quedó dando vueltas: cuántas mujeres, dice, eran independientes antes de los hijos, y con los años se fueron encontrando en una relación de dependencia sin haberlo decidido nunca. No fue una caída. Fue una acumulación lenta de pequeñas renuncias, hechas con amor, hechas confiando en que ese presente iba a durar.
El problema no es confiar. El problema es olvidar que las personas cambian, que las parejas se separan, que a veces alguien se enferma o simplemente ya no quieres estar ahí. Y es junto ahí, cuando el vínculo que sostenía todo deja de estar, queda la pregunta más incómoda de todas: ¿y yo, sin él o sin ella, quién soy financieramente?
Depender económicamente de otra persona no es solo un tema de plata, es también un tema de quién decide, de quién puede decir que no, de quién se queda tranquilo sabiendo que tiene un piso propio bajo los pies. La autonomía económica no es desconfianza, es una forma de cuidarse a uno mismo mientras se cuida al otro.
La periodista francesa Titiou Lecoq lo explica con la llamada teoría del yogur: muchas veces una persona invierte sus recursos en los gastos cotidianos, los que se consumen y desaparecen, mientras la otra acumula patrimonio. Al final, ambos aportaron, pero no necesariamente construyeron la misma seguridad para el futuro.
Por eso, hablar de dinero a tiempo también es una forma de cuidar el vínculo y de empezar a construir un patrimonio propio. Recuerda que en Libercoop encuentras alternativas de ahorro e inversión pensados para ayudarte a dar ese paso con respaldo, confianza y sin riesgo.
Las conversaciones difíciles sobre cuentas separadas, sobre ahorro propio, sobre qué pasaría si algún día las cosas cambian no le quitan nada al amor. Le dan, eso sí, un poco más de piso. Porque la seguridad emocional también se construye con seguridad financiera. Y esa, mejor tenerla propia, aunque el vínculo de hoy se sienta para siempre.

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